Hoy volvemos con un post de boda, pero esta vez, sobre un detalle de la novia: los zapatos.
Lo de los zapatos tuvo una larga historia... Buscaba algo que no fuera lo típico. Quería unos zapatos que ante todo fueran cómodos y que pudiera usar más veces, no sólo el día de mi boda.
Es verdad que esto empieza a no ser nada nuevo. Cada vez más vemos que las novias de ahora incluso se atreven a combinar sus vestidos con zapatos de color, ¿vemos unos ejemplos?

Algo que parecía iba a ser muy sencillo, se convirtió en una elección complicada y es que hubo un momento en el que me junté con 3 pares de zapatos. Os explico la historia...
La primera elección fueron unos peep toes glitter... Pero terminé por cambiarlos habiendo hecho la prueba del largo del vestido con ellos... tuve que avisar a Pronovias de que no modificaran el vestido aún, santa paciencia la que tuvieron conmigo! El motivo de cambiar de idea fue porque en la misma prueba no me quedé convencida y al llegar a casa no dejaba de darle vueltas al tema, así que llamé a la tienda para que la modista no tocara nada. Todavía no os he hablado del vestido, aunque seguro que más de una ya ha visto alguna foto vía twitter o instagram. El vestido es lo primero que se elige y lo primero que tienes claro. Es a partir de él cuando empiezas a elegir todo lo demás: calzado, peinado, pendientes, accesorios, velo, flores... Mi vestido no es que me limitara, pero en cierta manera su diseño pedía algo más sencillo para los pies que la opción que estaba barajando. Además, tenía claro que mi ramo iba a ser puramente blanco, así que la posibilidad de combinar el color del ramo con los zapatos no se podía llevar a cabo. Deseché este primer modelo y pensé que lo que tenía claro era que el vestido iba a ser por sí mismo el gran protagonista, así que lo de los zapatos iba a quedar, hiciese lo que hiciese, en un segundo plano.
Así es como llegó el segundo par de zapatos... Tenía una semana de tiempo para encontrarlos y me reservé el fin de semana para dedicarlo por completo a la búsqueda, pero los encontré sin haberlo planificado. Os conté aquí mi colaboración con el centro comercial Arena y fue esa misma semana cuando di con los zapatos que serían los definitivos. Teniendo que elegir calzado para el escaparate que preparé, no pude evitar que mi subconsciente pensara a la vez en la elección de los míos de novia... Y de pronto, fue en Menbur donde di con ellos. Ahí estaban, expuestos en un estante. Eran sencillos, tenían un tacón perfecto para mí, eran de novia pero no los típicos y llevaban pequeños detalles de color :) Iban conmigo. Iban con el vestido. Y mi socia y mi entonces novio, dieron el visto bueno en el mismo momento (me acompañaban esa tarde). Todo encajaba! A todo esto, yo ni miraba etiqeutas ni precios y el alegrón que tuve cuando pregunté lo que costaban fue ya el remate...

A veces piensas que las cosas van a salir de una manera y sin pretenderlo terminan saliendo de otra. En principio buscaba unos zapatos turquesa, el color de la boda, pero no encontré nada en tonos azules que me gustara tanto. No quería cerrarme las puertas con nada, ni pretendiendo llevar algo de color, ni pretendiendo llevar algo sencillo.
Y bueno, el tercer par de zapatos también se quedó ;) Estos fueron la socorrida opción B para cuando no soportara los tacones y quisiera darlo todo bailando. Me decidí rapidísimamente por unas cuñas blancas de Castañer. Aquí no hubo quebraderos de cabeza!

Menuda historia la mía, menos mal que como todo al final se encuentra una solución. Espero tener muy pronto las fotos oficiales y podéroslas enseñar cuanto antes! Los detalles tanto de la boda como los personales se apreciarán muchísimo mejor con el buen trabajo que están preparando nuestros fotógrafos porque además, tendremos fotos para rato, ya que tuvimos 3 sesiones: el día de la boda, el photobooth para los invitados y la sesión post-boda.
Muy pronto, más todavía sobre “el bodorrio del año”.
¿Alguien se anima a contar alguna historia sobre zapatos de novia?
Un beso!